lunes, 1 de marzo de 2010

Estado Laico

La reforma al Estado laico ha sido una de las más grandes simulaciones que pueden existir en la historia legislativa de nuestro país. La reforma al Estado laico, pretende proteger a nuestras instituciones de intervenciones de los representantes religiosos. Esto es paradójico, explico por qué, cómo es posible que visualicemos un Estado con una menor intervención de representantes religiosos si el Estado contiene una gran cantidad de religiones, en las que existe una libertad de expresión, oral y escrita, que no es defendida a nivel nacional únicamente, es defendida por instrumentos internacionales, define la Corte Interamericana de Derechos Humanos como el “derecho de expresar, recibir y buscar conocimiento”[1] con esto, entramos a la discusión de cómo plantear la posibilidad de poner un bozal a estos ciudadanos y a las ONG darles voz, cómo decirle a unos que hablen y a otros no, es jurídicamente inviable y socialmente dañino, aquí en todo caso sería hacer una campaña de concientización con los feligreses, para que tengan la apertura de debate y no dogmatizar opiniones. No podemos quitarle la influencia ni la moral a los políticos, hay que solicitar una ética laica y, esa no viene por reformas al artículo 40 de la Constitución, esa viene de una cultura arraigada del país en donde más del 90% de los compatriotas son nacidos católicos.

Con esta reforma nos damos cuenta del grado de simulación de nuestra política, se cree que lo antes mencionado se logra con la modificación al artículo agregando la palabra “laico”. Sin embargo, eso muestra la poca preparación de los legisladores si es que creyeran verdad su dicho y, de varios actores en pensar que se ha logrado mucho con ello, es como si olvidáramos las reformas hechas por la Ley Lerdo, por los preceptos constitucionales de libertad de religión o educación laica, vigésimo cuarto y tercero, respectivamente. Con estos dos artículos es más que claro que existe la laicidad del estado, ya que si la educación es así y es un derecho elegir la religión que más convenga al sujeto, se entiende por ello y por prácticas por demás claras, la existencia de dicho atributo como fundamental e inherente al Estado mexicano.

La impresión de necesidad que otorga la reforma a discusión es, de un cambio de paradigma en los escenarios de política. Con ello, empero, fue más un anzuelo de un partido político a otro, viendo si cae en un supuesto de alianza con un actor religioso determinado, que romper las cadenas de forma utópica con un actor libre y con derechos. Con esto ¿quién gana? ¿quién pierde? Tenemos una palabra más en un artículo, y no sucederá nada si no existe un cambio de paradigmas, un cambio en donde estemos dispuestos como sociedad a no aceptar gato por liebre, a no aceptar una sesión de 500 miembros de la cámara de diputados más las conducentes para reformar nuestro sistema rígido y no tener beneficio alguno. Es momento de pedir reformas estructurales, de pedir reformas que merezcan atención e inclusión, no cambios insignificantes que dan la nota de la semana, eso es la supuesta reforma al Estado “Laico”.



[1](WWW) CIDH Caso “La última tentación” http://www.derechos.org/nizkor/doc/tentacion.html